¿La comida te tiene obsesionada porque no eres capaz de comer tan sano como te gustaría?

Consulta de nutrición compasiva para mujeres resilientes.

¿La comida te tiene obsesionada porque no eres capaz de comer tan sano como te gustaría?

Consulta de nutrición compasiva para mujeres resilientes

Hay mujeres que no están todo el tiempo pensando en comida.

Que ya no ven las verduras como un castigo que sufrir por no entrar en una talla S y que se permiten prepararlas con algo más que agua y sal.

Que, cuando quieren unas tortitas o un batido, se los piden sin pensar inmediatamente en cuántos gramos van a engordar y cómo lo van a quemar después.

Que han dejado de tener miedo a comer fuera por si los vecinos de al lado las ven “saltándose las reglas”.

Que no viven la comida como una penitencia inevitable para controlar el peso.

¿Cómo lo han hecho?
Cada semana mando un email con reflexiones de nutrición feminista.

Consejos de alimentación e insights desde la psicología de tercera generación 100% aplicables.

Son cortos, entretenidos y te ayudan a comer mejor sin obsesionarte ni sentirte culpable después.

Además, cuando te suscribes, te llega el ebook «Por qué no tienes que bajar de peso (por mucho que tus padres, tu mejor amiga o tu médico te lo digan por tu bien)».

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Y si te borras no me enteraré (pero el hummus quizá se enrancie).

Cuando estás haciendo todo lo que puedes para perder peso y comer más sano, pero no llegas, pueden pasar 2 cosas.
1

Que nunca termines de llegar a tu objetivo, y que aumente la frustración de ver que la báscula no marca los dígitos que tu mente, tu familia o tu médico te dicen día a día, año tras año. 

Cada vez que te cansas y abandonas, esta frustración se transforma en vergüenza, y vuelves a intentarlo con el mismo resultado.

2

Que, de tan harta que estás de no cumplir con lo que te prometes a ti misma, te dejes de cuidar y abandones cualquier intento de mejorar tu alimentación. 

En cualquiera de estos dos casos, aunque no te hayas dado cuenta, has interiorizado un montón de normas alimentarias absurdas a lo largo de los años.

Que si come en tal momento del día y no en este otro, que si engaña el hambre con un batido de esto o un smoothie de aquello, que si para adelgazar necesitas eliminar los carbohidratos…

O mi favorita, la madre de todas las normas: nunca, bajo ningún concepto, debes comer un dulce, un croissant, una galleta o una patata frita.

Pero ¿sabes por qué, a pesar de tanta regla y tanta fuerza de voluntad, siempre acabas «pecando»?

Por una razón muy sencilla:

En física, las leyes son universales; en nutrición, no.

Si todo el mundo necesitase comer lo mismo para tener los mismos resultados, mi profesión no existiría y yo probablemente me dedicaría a vender libros de segunda mano.

(Cosa que, por alguna razón, siempre he pensado que me encantaría hacer).

Así que, cada vez que tú sigues los consejos ultraexigentes de la influencer de turno que gasta una talla S o del médico que nunca se ha puesto a dieta en su vida, estás perpetuando en tu cabeza la idea de que la alimentación es algo que se debe controlar al milímetro para triunfar en la vida.

Y el control y el disfrutar de la comida y de la vida son como el agua y el aceite: nunca se mezclan.

Cuanto más control hay, más te obsesionas con lo que comes: con las porciones que te sirves, las calorías que te metes en el cuerpo y o el deporte que tendrás que hacer para compensarlo.

Pero no me creas porque sí. Confía en tu experiencia y en tu criterio:

¿Te ha funcionado cambiar tu dieta en el pasado para conseguir tus objetivos?

Porque si has acabado… 

… obsesionada todo el día por la comida.

… perdiendo el control y comiendo todo lo que «no debías».

… calculando en cada comida qué cantidad de cada alimento deberías comer.

… mirándote al espejo y odiando la imagen que te devuelve.

… sintiéndote cansada, de mal humor o desdichada.

Entonces, tengo que decirte algo:

Estas normas rígidas tienen un origen que, si eres mujer, te interesa y mucho.

Se llama cultura de dieta y es compañera de cama del Patriarcado.

Juntos, mano a mano, se alían para que tengas miedo a engordar, a ser rechazada y a no encajar y hacen que tu alimentación y tu vida sean insatisfactorias.

La buena noticia es que, si los desenmascaras puedes construir una alimentación saludable para ti, que respete tu cuerpo y que te acerque a tener un bienestar y una calma con tu alimentación que hace años que no ves.

¿Qué puedes aprender en tus sesiones conmigo?

Y, en definitiva, a que tu relación con la comida vuelva a ser lo que era cuando eras tenías seis años y te comías un helado con tus amigas en uno de esos días de verano que parece que no acabara nunca.

Por cierto,

Cada semana mando un email con reflexiones de nutrición feminista, consejos de alimentación y tips desde la psicología de tercera generación 100% aplicables.

Los escribo para que sean cortos, entretenidos y te ayuden a comer mejor sin obsesionarte ni sentirte culpable después.

Además, si te suscribes, te envío el ebook titulado: Por qué no tienes que bajar de peso (por mucho que tus padres, tu mejor amiga o tu médico te lo digan por tu bien).

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