¿Sabías que el 95% de las personas que hacen dieta acaban recuperando el peso perdido?


Además, muchas de ellas no consiguen adelgazar aunque hagan las cosas bien (y, por el camino, se dejen la piel)


¿Conoces los efectos secundarios de las dietas que están dañando tu autoestima, tu buena relación con la comida y tu bienestar?

Si quieres descubrir cómo te están afectando, he preparado un test que te dirá, en menos de 5 minutos, cómo tu dieta te está dañando sin saberlo, para que te evites mucho sufrimiento innecesario. 

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Lo que necesitas para sentirte a gusto con tu cuerpo y en paz con la comida no es hacer dieta con más fuerza de voluntad, sino cultivar una relación sana con tu alimentación que te haga sentir libre y en paz con tu cuerpo

Si llevas mucho tiempo a dieta, queriendo «comer mejor» o llevando «un estilo de vida más sano», déjame hacerte una pregunta.

¿Cómo te hace sentir tu alimentación?

Te lo pregunto porque:

Tienes un problema. Y el problema no eres tú, sino tu dieta.

Me refiero a esa dieta que te dice qué comida está permitida y cuál no. La que te ha recomendado tu médico, tu amiga o cualquier influencer random de Instagram.

Esa dieta no viene con un prospecto como los medicamentos, pero si lo trajera, sabrías que tiene una ristra de efectos secundarios que ríete tú de la píldora anticonceptiva.

¿Sabes cuáles sufres tú?

Si no lo sabes, tengo algo que te interesará:

Conoce qué efectos secundarios de las dietas están cargándose tu autoestima, tu buena relación con la comida y tu bienestar

Este test te dirá, en menos de 5 minutos, cómo tu dieta te afecta sin que te des cuenta, para que le pongas remedio lo antes posible y te ahorres un montón de sufrimiento.

Te lo resumo:

El problema con tu dieta no es que no tengas suficiente fuerza de voluntad o que no hayas encontrado la dieta perfecta, sino que el propio concepto de ponerse a dieta tiene miga.

Todavía no te conozco, así que no sé qué te habrá llevado a hacer dieta o a controlar y restringir la comida en la actualidad (o en el pasado).

Si estás en ese lugar, sé que no sentirte bien contigo misma y con tu cuerpo es una sensación horrible, y por eso, lo primero en lo que piensas es en ponerte a dieta o «comer mejor».

Lo que seguramente no sepas, es que la frustración, los antojos constantes de comida, la sensación de culpabilidad y la falta de placer en tu vida se deben precisamente a las dietas que has hecho hasta hoy.

No lo digo por decir: he atendido a decenas de pacientes mientras trabajaba como nutricionista en Atención Primaria y, a prácticamente todos, les pasaba algo parecido.

Así que, como puedes intuir, el tema de las dietas no es tan sencillo como parece.

La culturilla general nos dice que son lo único que podemos hacer para perder peso y tener mejor salud, pero nadie nos explica que…

No es que haya gato encerrado en esto de las dietas.
Es que el gato es un león a punto de devorarte.

Te explico el tema de forma muy sencillita:

Hacer dieta te pone en modo supervivencia.

Tu cerebro apenas ha evolucionado desde las cavernas, pero la sociedad sí, así que tu cabeza está amueblada para que, cuando la comida falta, tu sistema nervioso se ponga en alerta.

(Si hace miles de años no tenías suficientes calorías a tu alcance, la restricción activaba tu instinto de supervivencia para buscar más comida).

Hoy en día, la restricción te la pones tú cuando te pones a dieta y dejas de comer lo que te apetece y tu cuerpo te está pidiendo.

Y no hace falta matarse de hambre ni hacer ayunos de 24 horas para que a tu cuerpo le salten las alarmas.

Simplemente pensar que no debes comer tal o cual cosa te pone en ese mood. 

Así que, todo ese malestar es, simple y llanamente, tu cerebro encendiendo todas las alarmas para que salgas por patas de esa restricción.

El tema es que restringir la comida se basa en lo que yo llamo nutriplanismo: la creencia de que lo que comes debe servir únicamente para hacerte bajar de peso, sin importar cuánto esfuerzo o sacrificio te suponga y cómo afecte al resto de tu vida.

Y esto es más falso que un billete de 80€ con la cara de Rosalía.

Marchando una verdad incómoda pero liberadora

Sé que esto suena muy raro viniendo de una nutricionista, pero es una verdad como un templo.

Estar delgado no siempre es sinónimo de estar sano.

Si me dieran un euro por cada paciente que ha venido a mi consulta preocupada por su peso (a pesar de comer muy sano y hacer actividad física frecuente) o por cada persona delgada con problemas de salud que he tratado en mi vida, ahora mismo te escribiría desde mi propio apartamento con vistas al Caribe

Hay 2 cosas muy importantes que debes saber sobre este tema:

  1. Existen decenas de factores que explican la salud de una persona, que no son solo su peso. La genética, el acceso a atención médica, los tratamientos que estés tomando o el estrés que sufras, también afectan a tu salud.
  2. Que hacer dieta le sirva a una persona, no significa que también te vaya a servir a ti. ¿Te has quedado alguna vez estancada a pesar de «hacer las cosas bien»? Pues se debe a la misma razón por la que hay personas que no engordan aunque se alimenten a base de pollo frito, mientras que otras aumentan de peso comiendo solo lechuga sin aliñar y pescado hervido: no hay una dieta ideal para todo el mundo, porque no hay dos cuerpos iguales. Si fuese así, todos nos alimentaríamos igual, de Algeciras a Seúl (y ya sabes que los coreanos comen cosas muy raras).
Así que ten cuidado:
Puede que quieras comer sano para «verte mejor» o «sentirte bien», pero si no vas con cuidado, saldrás escaldada

Abre bien los ojos, que esto es importantísimo:

La salud, la de verdad, no es sólo física. También es mental y social.

Por eso, da igual lo sano que sea tu cuerpo o la cantidad de pan integral, de ensaladas sin aliñar o de leche desnatada que tomes.

Si las reglas estrictas que dirigen tu alimentación te generan una sensación constante de agobio y obsesión por la comida,
si al comer con otras personas te comparas con ellas o si te aíslas de los demás para no sentirte culpable,
tienes un problema.

De ahí que no puedes quedarte solamente con el efecto que la comida tiene sobre tu cuerpo; también tienes que observar cómo tu alimentación afecta a tu bienestar emocional y a tus relaciones sociales.

 

Por eso comer sano no solo es tener una alimentación saludable y equilibrada, que respete tus digestiones, te dé energía y mantenga tu salud hormonal, sino que también consiste en:

Y, en general, cultivar una relación con la comida que te dé paz, confianza en ti misma y bienestar con tu cuerpo.

Esa es la razón por la que es tan importante abandonar lo que yo llamo el nutriplanismo.

Cuando entiendes que la alimentación sirve para mucho más que para meter nutrientes en tu cuerpo, te liberas de las restricciones alimentarias y empiezas a comer para darle a tu cuerpo lo que necesita, sin juicios y con libertad.

Salir de la jaula del pollo a la plancha, de la culpa y de la ansiedad por la comida es posible, si aprendes a alimentarte sin restricciones

Sé de lo que te hablo, y no solo porque sea nutricionista, sino porque sufrí en mis carnes lo que aquí te cuento.

En 2016 comencé a tener una relación conflictiva con la comida que duró varios años y que me hizo tener atracones recurrentes, vivir con miedo a saltarme la dieta y sentirme constantemente culpable por no hacerlo bien.

Yo solo quería comer mejor para tener más salud, cuidar mi físico y mejorar mis digestiones, pero lo único que conseguí fue obsesionarme con la comida, dejar de comer con mis amigos por si tenía un atracón y perder la regla durante seis meses.

Lo pasé fatal, pero logré salir de ahí con trabajo duro y mucha paciencia.

Ahora entiendo qué es realmente para mí una alimentación saludable: una que cuida mi salud, mis digestiones, mi ciclo menstrual y mi bienestar físico, pero que también me hace sentir placer, tranquilidad y confianza en mí misma, sin importar cómo sea mi cuerpo, cuánta actividad física haya hecho o cuánto haya comido el resto del día.

Así que estudié Nutrición en la universidad, me formé en salud holística de la mujer, y aprendí todo lo que estaba a mi alcance sobre psicología de la alimentación, mindfulness y sociología de la mujer.

Lo hice porque soy muy curiosa y porque quiero ayudarte a averiguar por qué la comida te hace sentir ansiedad, vergüenza o culpa, qué hace que ninguna dieta te haya funcionado y cómo salir de ahí, 
para que así recuperes tu buena relación con la comida lo antes posible.

Y si quieres saber más sobre mí, pincha aquí:

Qué dicen de mí

Cambiar tu relación con la comida, mejorar tu bienestar físico y emocional y ganar autoestima y seguridad es posible, y yo puedo ayudarte a conseguirlo

En esta web encontrarás todas las herramientas de la nutrición, la psicología de la alimentación y la sociología de género para que crees una relación con la comida que te haga sentir bienestar, placer y armonía con tu cuerpo, y así:
  1. El miedo, la culpa y la vergüenza desaparezcan de la mesa
  2. Aprendas a fiarte de ti misma y de tu hambre y saciedad
  3. Salgas por fin del bucle infinito de dietas en el que te has metido
Resumiendo

Te prometo que hacer otra dieta estricta, lleve el apellido que lleve (cetogénica, ayuno intermitente, la de la alcachofa, o simplemente «saludable»), si tiene el enfoque equivocado, agravará el problema.

Desde mi punto de vista, tienes 2 opciones:

  1. Seguir haciendo lo mismo y tener los mismos resultados (baja autoestima, no confiar en tus señales de hambre y saciedad, perder el placer de comer y sentirte culpable, preocupada o avergonzada todo el tiempo).
  2. Plantar cara a lo que no funciona, y encontrar tú misma la solución para sentirte mejor con la comida, con tu cuerpo y contigo misma.

Para lo primero, no te puedo ayudar.

Para lo segundo, sí.

Aquí tienes cómo: 

Qué dicen de mí

Y el primer paso para cultivar una relación con la comida que te dé tranquilidad y te ayude a cuidarte es averiguar cómo te han perjudicado (sin que te des cuenta) todas las dietas que has hecho hasta ahora:

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