Cuando el mes de marzo de 2020 comenzó, no podíamos imaginar que poco después empezaría uno de los periodos más extraños que hemos vivido en nuestras vidas.

Como comenté en mi post sobre las emociones relacionadas con la alimentación que surgieron durante el confinamiento, este no solo afectó a nuestro trabajo o nuestra educación, sino que indirectamente tuvo consecuencias para nuestra salud. Comenzamos a movernos menos y a comer más, según varios estudios.

Nos movimos menos.

Varios estudios muestran que, en general hemos reducido nuestra actividad física y hemos pasado más horas sentados. En un estudio realizado sobre universitarios australianos (1), al inicio del confinamiento tanto las chicas como los chicos redujeron el tiempo dedicado a caminar a lo largo del día con respecto a los dos años anteriores. Muchos menos estudiantes llegaron a realizar la cantidad de actividad física considerada suficiente.

Al cabo de unos meses de confinamiento, un 40% de las chicas reportaron de forma subjetiva que habían aumentado la actividad física con respecto al inicio del confinamiento, mientras que los chicos, en general, se mantuvieron igual o la disminuyeron. ¿Se trataría acaso de ejercicio autoimpuesto para evitar la ganancia de peso?

También se han publicado los resultados de la encuesta ECLB-COVID19 realizada durante el mes de abril a nivel global, en varios idiomas, para conocer los cambios en la actividad física, alimentación, estado de ánimo y calidad del sueño derivados de la cuarentena (2). De nuevo, se observó que los participantes redujeron la actividad física de todas las intensidades y pasaron más horas sentados que antes del confinamiento.

Comimos más y peor (¿seguro Lisa, seguro?).

Para los estudiantes australianos, en el caso de los chicos no se encontraron diferencias significativas en la ingesta de calorías con respecto a años anteriores, mientras que para las chicas ésta fue casi un 20% mayor. Parece deberse a que las mujeres consumieron un 50 % más de snacks entre comidas que, como ya sabemos, son muy densos en energía y contribuyen a este aumento de las calorías diarias (1).

En la encuesta online ECLB-COVID19 (2), se vio que los participantes tenían, durante el confinamiento, más probabilidad de comer alimentos poco sanos, de llevar una dieta poco saludable, de perder el control de lo que comían y de picar entre horas. Lo único que disminuyó fueron los episodios de borracheras agudas (lo que se conoce en inglés como binge drinking). ¿Tenemos quedarle las gracias al coronavirus por tratar nuestro alcoholismo social?

Resultados parecidos se han observado también en otro estudio realizado en Polonia (3): casi la mitad de los participantes dijeron comer más durante la cuarentena y más del 50 % consumieron además más alimentos de tipo snack entre las comidas. Lo más interesante de este estudio es que las personas con sobrepeso y obesidad se vieron más afectadas por este aumento de la cantidad de comida ingerida y del picoteo entre horas.

Con respecto al tipo de alimentos consumidos durante el confinamiento, casi un tercio de los participantes no consumieron diariamente frutas y verduras frescas, y la misma cantidad de personas dijeron tomar dulces al menos una vez al día (3). El género impuso de nuevo diferencias en la alimentación: los hombres consumieron carne y productos precocinados más a menudo que las mujeres.

También se investigó el consumo de alcohol de los participantes en el estudio, y se vio que fueron aquellas personas que ya eran adictas antes de comenzar el confinamiento las que aumentaron su ingesta durante el periodo de restricciones (3).

Por otro lado, un grupo de investigadores de la Universidad de Granada han observado que las personas que seguían una dieta mediterránea antes del confinamiento consumieron menos bebidas azucaradas, carne roja y dulces, y más frutas y verduras frescas que antes de la pandemia (4).

Esto ocurrió sobre todo en personas mayores de 51 años, con estudios superiores y que viven en el norte de la península. Es interesante que las personas que permanecieron confinados durante el estado de alarma fueron menos proclives a seguir una dieta mediterránea que las que continuaron yendo a trabajar.

¿Y qué pasa con todo esto?

Pues pasan varias cosas.

Primero, que es muy probable que nuestra salud, en general, se haya visto perjudicada durante la cuarentena. No solo por el virus en sí y por las enfermedades que han dejado de detectarse o tratarse durante el periodo de confinamiento, sino porque los hábitos alimentarios que hemos tenido han contribuido a empeorarla. Esto puede hacer que en los próximos meses o años haya más personas con enfermedades no transmisibles, que además son factores de riesgo de COVID-19.

Segundo, esto nos dice que las personas más expuestas a estas complicaciones, aquellas que presentan sobrepeso u obesidad, son también las más vulnerables a los efectos negativos del confinamiento sobre los hábitos alimentarios. Es decir, que son más susceptibles de comer más y peor, agravando el riesgo cardiovascular que ya de por sí tienen.

¿Y quién está bien contento cuando se encuentra con un paciente cardiovascular? Exacto, el coronavirus.

Tercero, que si algo ha sido el confinamiento, es un catalizador de muchísimas emociones. Como cuento en mi artículo sobre la culpa y el disfrute durante el estado de alarma, las emociones negativas generadas por no poder salir se han canalizado hacia múltiples comportamientos alimentarios, como beber más alcohol o comer más dulces o postres, pero también cocinar más.

Bueno, pasan muchas cosas más, pero me quedaría un artículo larguísimo y ni tú ni yo tenemos tiempo para todo. Si te interesa este tema, escríbeme y amplío la información al respecto.

Lo que nos dicen estos datos sobre la sostenibilidad.

Básicamente, que encerrarnos en casa no es la mejor manera de crear un mundo más sostenible, pero creo que eso estaba claro antes de empezar este artículo.

También que en un mundo en el que, en los próximos meses (si no años) tendremos que hacer frente a la incertidumbre de no saber qué pasará a nuestros familiares, qué será de nuestros trabajos o ni siquiera si podremos salir a la calle durante un tiempo, será difícil hacerlo más sostenible.

Pero no olvidemos que la sostenibilidad no es un objetivo concreto que puede conseguirse en un momento dado para después decir “ya está, ya tengo la sostenibilidad, paso a otra cosa”.

Es un valor, un horizonte lejano hacia el que merece la pena avanzar, algo que queremos en nuestras vidas por el simple hecho de que, al practicarlo, sentimos que somos más nosotros mismos.

Y como no hay un plan concreto y estratificado sobre cómo debe llevarse una vida sostenible, podemos aplicar este precioso valor a cualquier aspecto de nuestra vida.

Comprando en una tienda de barrio en lugar de en una gran superficie, eligiendo comer más vegetales y menos animales, dando preferencia a esas verduras a granel en lugar de a las bandejas envasadas, cocinando las sobras de la nevera antes de que se echen a perder, pasándonos a la copa menstrual, haciendo un reparto equitativo de las tareas domésticas o tratándonos con cariño al tratar nuestra relación con la alimentación, por poner algunos ejemplos.

Recuerda que el horizonte lo marca la sostenibilidad, pero el camino lo marcas tú. Ese es tu superpoder, no lo olvides.

¿Te ha gustado este artículo?

Suscríbete a mi newsletter para seguir aprendiendo sobre veganismo, feminismo, sostenibilidad y alimentación saludable:

[mc4wp_form id=»247″]

¿De dónde saco esto?

1.          Gallo LA, Gallo TF, Young SL, Moritz KM, Akison LK. The impact of isolation measures due to covid-19 on energy intake and physical activity levels in australian university students. Nutrients. 2020;12(6):1–14.

2.          Ammar A, Brach M, Trabelsi K, Chtourou H, Boukhris O, Masmoudi L, et al. Effects of COVID-19 Home Confinement on Eating Behaviour and Physical Activity: Results of the ECLB-COVID19 International Online Survey. 2020;

3.          Sidor A, Rzymski P. Dietary choices and habits during COVID-19 lockdown: Experience from Poland. Nutrients. 2020;12(6):1–13.

4.          Rodríguez-Pérez C, Molina-Montes E, Verardo V, Artacho R, García-Villanova B, Guerra-Hernández EJ, et al. Changes in dietary behaviours during the COVID-19 outbreak confinement in the Spanish COVIDiet study. Nutrients. 2020;12(6):1–19.